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En junio de 1752, el genial inventor estadounidense Benjamín Franklin investigaba la naturaleza de los relámpagos y rayos. Suponía que podría tratarse de un fenómeno no eléctrico, así que puso a volar entre las nubes tormentosas una cometa (barrilete) de la que sobresalía una aguja metálica. Había atado una llave a la parte inferior del cordel, de forma que cuando la lluvia mojó el barrilete y la cuerda, pudo ver cómo saltaban chispas de la llave si acercaba la mano.
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Tuvo suerte, porque otros que intentaron experiencias similares murieron electrocutados. Así falleció en 1753 el físico Georg Wilhelm Richmann. Es más además de demostrar la naturaleza eléctrica e los fenómenos tormentosos, Franklin inventó el para rayos.